Deja de sobrecompensar tus vínculos
¿Te imaginas que tu psicóloga te dijera que puede “arreglar” todos tus problemas en la primera sesión?
Probablemente saldrías decepcionadx… y con razón. Porque cuando alguien promete más de lo que realmente puede sostener, tarde o temprano aparece la desilusión.
Y algo parecido puede pasar en nuestros vínculos.
A veces decimos que sí a un plan al que desde el inicio no queremos ir, terminamos cancelando una hora antes y después nos sentimos mal porque nuestrxs amigxs salieron sin nosotrxs o dejaron de invitarnos.
O quizá alguien nos pide un favor y, aunque no tenemos el tiempo, el dinero, la energía o las habilidades para hacerlo, decimos que sí por miedo a quedar mal. Pero después no podemos cumplir, terminamos disculpándonos… y esa persona deja de buscarnos.
Muchas veces esto viene de una idea muy profunda:
“Si no lo hago, si no digo que sí, si no prometo más, se van a ir”.
Pero la desilusión constante por una promesa no cumplida suele pesar más que un límite dicho a tiempo. No porque seas una mala persona, sino porque los demás también empiezan a construir una imagen de ti a partir de lo que haces con lo que prometes.
A veces, cuidar un vínculo no significa decir que sí a todo. Significa ser honestx desde el principio:
“Esto no me hace sentir cómodx”.
“No me es posible hacerlo”.
“No puedo ayudarte con eso, pero sí puedo ofrecerte esto otro”.
Mostrarte tal cual eres también es una forma de construir relaciones más reales. No necesitas actuar personajes, usar máscaras o intentar demostrar todo el tiempo que eres suficiente para que alguien se quede.
La invitación no es juzgarte por hacerlo, sino empezar a observarlo:
¿Desde dónde estás diciendo que sí?
¿Desde el deseo genuino o desde el miedo a perder el vínculo?
Porque cuando comienzas a reconocer estos patrones, también puedes empezar a relacionarte desde un lugar más honesto, más claro y más tuyo.

